Los sapos como sismógrafos naturales: Prediciendo terremotos antes que la tecnología.

Los sapos, con sus sensores naturales, predicen terremotos antes que la tecnología

Imagina que estás en tu jardín y, de repente, notas que todos los sapos se marchan de forma repentina. ¿Qué pensarías? ¿Habrá algo extraño sucediendo?

Pues bien, esto es precisamente lo que sucedió en L’Aquila, Italia, en 2009. Un equipo de científicos británicos que estudiaban a los sapos en un lago cercano se percató de que, cinco días antes de un terremoto devastador, la mayoría de estos anfibios había abandonado la zona.

¿Cómo lo hacen?

Los científicos creen que los sapos poseen dos tipos de sensores naturales que les permiten detectar terremotos antes que nosotros:

Sensores geomagnéticos: Al igual que las aves migratorias, los sapos pueden sentir los cambios en el campo magnético de la Tierra. Cuando se aproxima un terremoto, la corteza terrestre se deforma, alterando el campo magnético local. Los sapos detectan este cambio y huyen a zonas más seguras.

Sensibilidad a los gases: Los sapos también son muy sensibles a los cambios en la composición de gases en el aire. Antes de un terremoto, las rocas liberan gases como el radón, que los sapos pueden detectar y que les sirven como señal de alerta.

¿Podemos usar a los sapos para predecir terremotos?

Si bien la observación del comportamiento de los sapos puede ser un indicio de que se aproxima un terremoto, la bióloga Rachel Grant, responsable del estudio, advierte que no es un método totalmente confiable.

«El comportamiento animal es muy variable», explica Grant. «Una conducta extraña de un animal antes de un terremoto puede repetirse en otras situaciones. Por lo tanto, es difícil usarlo para hacer previsiones».

Sin embargo, Grant sugiere que la observación del comportamiento animal podría combinarse con otros indicadores geofísicos, como las anomalías en el radón o los cambios en la ionosfera, para mejorar la predicción a corto plazo de eventos sísmicos.

En estudios adicionales realizados por el radiestesista Jordi Pascual de Biohabitabilidad, se ha evidenciado una correlación entre los niveles de unidades Bovis percibidos en un lugar específico a lo largo de varios días. Esta relación se caracteriza por una notable disminución en los valores medios, llegando incluso a reducirse en aproximadamente 3.000 uB o incluso menas.

Estas observaciones han sido documentadas en diversos eventos sísmicos significativos, como los terremotos de Haití y Chile en 2010, el terremoto y tsunami de Japón, así como el de Birmania en 2011, además de los eventos en Lorca, Australia y Turquía en el mismo año. También se han registrado en los desastres naturales ocurridos en Indonesia, Ecuador y Fukushima durante 2011, así como en las Islas Salomón y Timor en 2012. Este patrón se ha repetido en eventos posteriores, como en las Islas Fiji, Islas Salomón, Pakistán y las Islas Filipinas en 2017, y ha continuado en terremotos significativos que han ocurrido en los años siguientes, incluidos los años 2019, 2020, 2021, 2022, 2023 y 2024, entre otros.

Conclusión:

La naturaleza nos sorprende una vez más con su sabiduría. Los sapos, con sus sencillos sensores naturales, son capaces de detectar terremotos antes que la tecnología más sofisticada. 

Y de una forma Radiestesica también es factible (pero sin poder determinar de una forma exacta, el posible epicentro del seísmo).

Si bien no podemos basarnos únicamente en estos puntos para predecir estos eventos, su observación puede ser una herramienta útil en combinación con otros métodos científicos.

Para saber más:

https://www.bbc.com/mundo/ciencia_tecnologia/2010/03/100331_sapos_terremotos_men

https://redsismica.uprm.edu/spanish/educacion/preparacion/index.php

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