Cuando los sapos dejaron de amarse

Los batracios, de cría, huyeron días antes del temblor

INVESTIGACIÓN EN LA ZONA, Biólogos británicos verificaron por azar la conducta de los sapos, estos anfibios tienen sensores geomagnéticos y de gases.

La tecnología más sofisticada no puede competir con la sabia naturaleza. Los sapos de los Abruzos lo han vuelto a demostrar. Mientras que los científicos aún son incapaces de predecir con mínima exactitud un terremoto, los sapos parecen disponer de detectores naturales de los movimientos telúricos que los empujan a ponerse a salvo con varios días de antelación.

En el seísmo que golpeó Sichuan (China) en mayo del 2008, ya se observó una huida masiva de sapos. En abril del año pasado (2009) se dio la coincidencia de que un equipo de biólogos de la Open University del Reino Unido se hallaba realizando un estudio de estos batracios en el lago de San Rufino, a unos 74 kilómetros del epicentro del terremoto. Según un artículo que han escrito para el Journal of Zoology, los sapos se hallaban en pleno periodo de cría. Cinco días antes del seísmo, un 96 por ciento de los machos dejó de aparearse y huyó de la zona. Tres días antes del temblor, no quedaba ya ninguna pareja. Los sapos sólo regresaron cuando cesaron las intensas réplicas.

Los investigadores británicos piensan que el fenómeno observado confirma las cualidades que se atribuyen a los sapos. Se piensa que estos anfibios tienen sensores geomagnéticos que les sirven para orientarse. También son muy sensibles a cambios de la composición de gases como el radón. La proximidad de un seísmo provoca alteraciones geomagnéticas y de gases que los sapos, parece, son capaces de detectar. De manera instintiva buscan refugio en zonas más, elevadas, para evitar ser aplastados por piedras.

Una de las responsables del estudio, la bióloga Rachel Grant, destacó que se trataba de un observación realizada -por simple azar- antes y después del terremoto, aunque fue cauta sobre las posibilidades de usar los sapos para predecir seísmos.

“Es posible que otros animales puedan prever un terremoto -declaró Grant-, pero es muy difícil estudiar el fenómeno desde un punto de vista científico porque obviamente no sabemos dónde habrá un terremoto. Hasta ahora los estudios similares fueron hechos de manera retrospecti­va, se ha hablado de comporta­mientos extraños de los anima­les antes de un seísmo, siempre interpretados a posteriori. Y el comportamiento de los anima­les es muy variable. Una con­ducta extraña de un animal an­tes de un terremoto puede repe­tirse en otras situaciones. Por lo tanto es difícil usarlo para ha­cer previsiones”. “De todas ma­neras -añadió Grant-, el com­portamiento animal podría usarse en combinación con otros indicadores geofísicos co­mo anomalías en el radón o cambios en la ionosfera para ha­cer previsiones a corto plazo so­bre eventos sísmicos”. (http://esciencenews.com/node/285148) LV

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